
Escribo estas
líneas desde el aeropuerto de Barajas (Madrid), algún día le dedicaré una
entrada de blog a este aeropuerto…se va a enterar AENA.
Me voy a Senegal,
otra vez, después de pasar un mes en casa. Se hace extraño partir otra vez,
repaso mentalmente lo que hice en estas 4 semanas, siempre queda el regusto
amargo de la gente que no viste, o con la que te hubiera gustado estar más
tiempo. O tareas pendientes, volveré, no hay duda, pero comencemos por el
comienzo.
La llegada: La llegada a Santiago fue muy tranquila, amortiguada quizá por
varios días de comodidades Dakaroises. Cuando vuelves a tu casa después de
tanto tiempo (7 meses) te fijas en cosas, otra vez. Cotidianeidades que se nos
escapan a diario, se ven de otra manera en los ojos de un “extraño”. Lo primero
que te choca como un tren de mercancías es el
idioma, volver a entender absolutamente todo lo que escuchas a tu
alrededor. Oír las estupideces de una guardia civil en el arco de seguridad,
concretamente, lo comparto con vosotros pues soy hombre generoso, sobre como
dejó anonadados a todos sus compañeros beneméritos con un vestido en la boda de
uno de sus compañeros y la moña que se cogió; a grito pelado, mientras lo
intercalaba con el martilleo de “Cinturones, botas, todo lo metálicoooo.
En la recogida de
equipajes coincidí con el gran Rosendo
Mercado, con todo su grupo, quise decirle algo pero después de día y medio
de viaje…mejor ahorrar saliva.
Mi equipaje no llegaba, hasta que caí en la
cuenta que los vuelos internacionales, de donde venía mi maleta, no yo, tienen
una “recogida especial “ . Un guardia civil, me pregunto que si llevaba drogas
o armas, tabaco o semillas… llevaba tabaco, “droga?o solo tabaco” mmmhhh pensé
en hacer la gracia de el tabaco es droga pero los aeropuertos me dan demasiado
respeto sobre todo los que tienen policías dentro. Lo bueno vino cuando tuve
que explicar lo que es el aceite de Karité (eso no pasa ni de coña pensé) pero
le debí de parecer convincente. “El Karite es un aceite que se extrae de la
semilla del árbol Vitellaria paradoxa y bla blabla” Quizá el guardia usara karite
para tener las manos hidratadas?Pensé para mis adentros mientras soltaba una
sonrisa maliciosa. No sé cuanto karité pasaría por allí pero era lo más raro
que llevaba en la maleta sin duda.
Estancia: Vuelves a casa y todo lo que era familiar se
envuelve de un tono oscuro, no por el ambiente, si no por el color,
sencillamente. En Senegal todo es brillante, los colores son brillantes de
plástico chino (que no fino) y la ropa de la gente de todos los colores. Es un
símbolo de África dicen, cuantos más colores más países.

Mi trabajo en Senegal es la preservación de la
biodiversidad de una reserva, tratar de mantener el equilibrio entre extracciones
y regeneración a la vez que se mantiene el hábitat para la fauna salvaje. OK,
vuelvo a casa y el monte es una plantación de eucaliptos, no un bosque, una
plantación. ¿Cuándo ocurrió? Me pregunto, ¿cómo dejamos que pasara? Cuando el
monte tenía más utilidad que la puramente maderera (para pasta de papel, la
peor calidad) el monte no ardía como en los últimos años. No ardía por que
tenía utilidad pública, para todos lo que lo explotaban, ahora son un montón de
plantaciones en línea, menos útil para todos y sin ningún equilibrio.
Volverán los gonypterus a arrasarlos, no
tengáis dudas, es una barra libre para los parásitos. Recuerdo conocer un chico
francés en Montpellier que había pasado en bicicleta por la costa de España y
había parado en Viveiro a pasar unos días antes de retomar el camino hacia
Portugal. Le parecía un gran contraste la belleza del entorno y que el bosque
estuviera tan degradado. Me iba a salir un “xa…” pero no supe que contestarle. A
veces NO me levanto con ganas de
invadir Polonia.
El resto de la
estancia me la pasé de visitas a amigos, retomando buenas sensaciones de pasear
a mi perra, abrir una nevera!!, o beber Estrella Galicia. Casi toda mis
conversaciones giraron muy a mi pesar sobre mi estancia en Senegal. Lógico,
acabada de volver pero tengo más cosas que contar que eso…no?
La vuelta a Senegal: Cuando estás 7 meses en un sitio y vuelves
a tu casa para un mes solamente, pasas la 1 semana adaptándote, la siguiente disfrutándolo
y las dos siguientes planificando la vuelta al sitio en el que estabas…Así fue…haciendo
compras para mis “hermanos” africanos, compañeros de trabajo, y alguna
sorpresilla que les llegará en breve. Y la visa biométrica. Ay la visa, el
gobierno de Senegal creó una web desde la que es posible gestionar este
documento. El problema es que no funciona nada bien, está frecuentemente
saturada y los tiempos de respuesta son muy lentos, cuando los hay…Así viajé a
Dakar, sin visa, con los dedos cruzados y el corazón a ritmo de cumbia. Darle
la oportunidad a un poli corrupto de estafarte, teniendo razón!, y no inventándose
tasas o leyes imaginarias es un caso poco corriente. Así me imaginaba a mí
mismo, como un pescadito, o un caramelo para cualquier poli con pocos
escrúpulos. La llegada al aeropuerto fue en tropel, empujando, amontonados,
como reses camino del matadero. Solo les faltaban varas de sauce en la mano. En
filas sin sentido esperamos nuestro turno, cada fila podía tener 3 o 4 personas
en paralelo, la burbuja de espacio necesaria para cualquier europeo cuanto más
al sur vas más pequeña se hace. Y con 30 kg de equipaje sudando la gota gorda,
a punto de llegar a la oficina de visados un eficiente guardia senegalés,
levantó la voz y nos permitió salir a todos sin visa, los cientos de personas
que se apretujaban en el pequeño local del aeropuerto nos miramos sorprendidos.
Una máquina no funcionaba bien, me pareció que realmente ya era un poco tarde y
los guardias estaban un poco aturdidos con la que se les venía encima. Mañana
por la mañana! Gritaban, no hay como un poco de solidaridad senegalesa.
No me gustan los
aeropuertos, el de Dakar menos y las decenas de taxistas que te arrastran a sus
vehículos menos. Es una lucha constante, me ví en tercera persona, discutiendo
a grito pelado con los taxistas, convenciéndolos de que no me iba a subir en su
taxi por más que me insistieran en que me conocían y así anduve media hora,
hasta que me vista mi hostilidad hacia el transporte público senegalés dejaron
de insistirme y de tirarme de las mangas de la camiseta. Cada taxi que paraba
se ofrecía a llevarme pero ninguno sabía dónde estaba el Poulagou, el auberge
donde me hospedaba, me senté hable con un grupo de senegaleses que también
esperaban taxis y la suerte del viajero, un taxista si que sabía donde estaba,
precio multiplicado por 5 eso sí, que después de una dura negociación dejo en
1000 CFA todavía un poco alto para la tarifa normal pero siendo “blanco” no
puedes esperar más…
Llegué al
Poulagou con olores a pescado, al mar que ya pod
ía escuchar y a cordero muerto.
El Tabaski se acercaba y… es una historia que os contaré otro día.