
Quería seguir con
una línea de presentar el país, comida, agua, gente…pero esta semana la
actualidad se impone y me ha pasado un poco de todo. Os cuento: Me he quedado
yo solo en el site de investigación que tengo asignado, el camino entre
Nandoumary y Dindefelo que solía hacer con mi compañero Manu, me tocó hacerlo
yo solo…sí amigos, el camino comienza con una dura subida hasta el plateau,
sorteando piedras y ahora sí (que estoy en mejor forma) por fin puedo adelantar
a las sesentonas cargadas como mulas de mina. El camino por el plateau es
sencillo, plano y casi siempre en la misma dirección pero el camino desaparece
entre afloraciones de laterita (una roca naranja de hierro) con lo cual perderse
es bastante sencillo. Para complicar más las cosas salí de Dindefelo demasiado
tarde y se hizo de noche a falta de media hora para llegar mi casa, apretando
el paso, fustigado por el látigo de miles de años de miedos atávicos a
depredadores nocturnos, por un hambre incipiente y por la consciencia de que no
sería capaz de llegar a mi destino con una luz menguada y menguante; apenas un
destello de una estrella lejana. Comencé a pensar cosas absurdas “se puede
dormir encima de un árbol” o “podré hacer fuego con esas ramas” en medio de
esto pensamientos cayó la noche, apreté el paso hasta empezar a sentir un dolor
agudo en los gemelos, no importaba, el río de adrenalina que inundaba mi
cerebro podría haberme hecho volar en cualquier momento si fuese necesario.
Mantuve la tranquilidad porque era consciente de que iba caminando por el
camino adecuado, camino adecuado?, seguro? De noche las referencias se pierden
y las sombras que formaba la magra linterna que amablemente Paula me había
dejado no me ayudaban a centrarme, 10 minutos sin mirar la brújula bastaron
para darme cuenta de la realidad, ese camino no era el que me llevaría
sano salvo a mi casa. Perdido, sip, en
una noche sin luna las estrellas se reían de mí. Reuní el poco valor que tengo
y pensé que si me ponía nervioso mis posibilidades de encontrar el camino a
casa bajarían. Dar la vuelta?Lo descarté enseguida, donde coger otro camino?Hasta
donde caminar de vuelta?Ya cansado, empecé a no pensar con claridad, apreté
absurdamente más aún el paso y llegué a un claro del bosque donde se perdía el
camino, ojiplático, seguí recto hasta toparme con maleza que me impedía seguir
caminando, se acababa el camino?En ese momento fui consciente de lo perdido que
estaba, ni idea de la distancia ni de cuanto tiempo había caminado en la
oscuridad.Dí un pequeño grito de impotencia, pero volvía a hacer una pequeña
conjura; si entraba en pánico, me quedaría a dormir en el bosque entre savanas
del plateau…Tenía suficiente ropa para hacerme una cama?Hago fuego?Ese ruido es
de un león? Estos pensamientos aupados por el miedo se vieron apagados por una
LUZ una luz de fuego salvadora, si hay fuego, hay gente. Siguiendo la línea de
la maleza encontré la continuación del camino, apreté dientes, me ajusté mi
inseparable mochila roja y me dí de bruces con un cerrado de una finca. Anduve
hasta encontrar la choza con fuego. Llegué con la cara desencajada del
esfuerzo, tanto, que la señora que abrió la puerta del kerenten, me ofreció
agua con gesto entre asustada y sorprendida. Un tubab a esas horas!!Pues como
en las películas de Hollywood su marido después de preguntar por la dirección
de mi familia, me miró fijamente sin responder y con un leve movimiento de dedo
señaló un grupo de chozas en el otro lado de la vertiente, 30 metros, a 30
metros de mi casa estuvo a punto de entrarme el pánico. Toda la carga de la
mochila y de pensamientos oscuros se desvaneció como flores en otoño, me sentí
ridículo, pero en casa, en mi casa. Se puede estar mejor?
